Autosuficiente en mi ventana
Contemplo al pobre transeúnte
que busca absorto mientras anda
destellos que espera que alumbren
el camino que le lleva a casa
o al cielo o a cumplir con el curre
vendiendo alfombras en Yakarta.
No se si quizá es la costumbre
de ver tanta gente y no ver nada
más  que ver, dormido en mi cumbre,
pacientes sumisos que pasan
por ser pasajeros y acuden,
sin osar retar mi mirada,
a su derecho a andar por las nubes
a volar a la tierra buscada
a escapar del control de las luces
de cristal, de pasillos y estancias,
de este reino de horas de hielo.
Muchas veces yo sueño que vuelo,
que despego desde mi atalaya
desde la que ahora sólo veo el suelo.

 

 

Dedicado a los trabajadores del aeropuerto que, con su insolente superioridad, nos recuerdan que aunque vayamos a volar seguimos siendo simples personas