No es que perdiera ciento setenta y dos batallas
más bien, prudente, llegué tarde a todas ellas,
las noches pasaban despacio, me sentía cual samurai
en un andén del metro de Madrid por estas fechas

impertérrito y sin mi katana,
con gente de la que no hay
a un lado y al otro gorritos y pelucas
que alegría, que alboroto
me tenéis hasta el caboto

fines de año cogiendo polvo, aquellas noches buscando uno
besos, abrazos y parabienes, todos guardados en un cajón
hoy nochevieja es un día cualquiera, garitos llenos y copas por turnos
¿cuarenta pavos?, lo mismo ni salgo, ya no me hace tanta ilusión

Prefiero a Anne y su escasez de ropa,
o (que dios me perdone) a Ramón García,
sobredosis de polvorón y karaoke en familia.
Adiós mujeres, fue un placer veros de lejos,
au revoir
colegas, las drogas me dejaron,
estoy to viejo.