los últimos giros de mi vida de cuarenta y cinco grados fueron
mujeres y alcohol se mezclaron de forma inevitable
mis tristes ojos borrosos y mi sonrisa poco amable
mi timidez, mi alcoholismo y mi gafe, el resto del puzzle hicieron

continuo suspiro es mi vida, no hay placer que en ella encuentre
y como solo llanto de ella obtengo, de mi vaso hago mi refugio
cual poción de la alegría, cual efímero y etílico puente
camino sobre brasas encendidas, intuyo el peor de los augurios