Mis usanzas tan recientes, me resultan tan antiguas
mis husos horarios, mis huesos doscientos seis, creo, ¿alguno me falta?
mi lengua, por ejemplo, dura como una piedra, pero dulce como aquella olvidada salsa
“sesanta” azarosas horas sumaban, esas cuentas ahora son sólo piezas con oseas asas
las cosas que viviste, pensaste que acababan, van yéndose las golfas, van yéndose entre copas
las risas, las rosas, las reses serenas. Teína: mis venas furiosas
sentado a la mesa, escuchando otra misa, perdido en la masa, pensando en mi musa (otra vez)
cachibaches en el armario del ladrido que surge de mis revueltas entrañas
de niño por la ventana veía horizontes que hoy, tan pequeños, son mil ventanas